lunes, 22 de junio de 2009

Sueñe sin miedo.

Sueñe sin miedo, amigo

Poco le quedaría al corazón si le quitáramos su pobre 
noche manual en la que juega a tener casa, 
comida, agua caliente, 
y cine los domingos. 
Hay que dejarle la huertita donde cultiva sus legumbres; 
ya le quitamos los ángeles, esas pinturas doradas, 
y la mayoría de los libros que le gustaron, 
y la satisfacción de las creencias. 
Le cortamos el pelo del llanto, 
las uñas del banquete, las pestañas del sueño, 
lo hicimos duro, bien criollo, 
y no lo comerá ni el gato 
ni vendrán a buscarlo entre oraciones 
las señoritas de la Acción Católica. 
Así es nomás: sus duelos 
no se despiden por tarjeta, 
lo hicimos a imagen de su día y él lo sabe.

Todo está bien, pero dejarle un poco 
de eso que sobra cuando nos atamos 
los zapatos lustrados de cada día; 
una placita con estrellas, lápices de colores, 
y ese gusto en bajarse a contemplar un sapo o un pastito 
por nada, por el gusto,

a la hora exacta en que Hiroshima
o el gobierno de Bonn o la ofensiva 
Viet Mihn Viet Nam.


- Julio Cortázar -

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